Genial columna de Alfredo de Hoce, el autor de Fuckowski.
Me duele el mar
Recuerdo que de niño contaba los días que faltaban para fin de curso. Tras el último día de escuela volvía corriendo a casa, metía en una mochila mis tebeos favoritos y esa pequeña libreta donde mis buenos amigos del colegio me apuntaban sus direcciones al lado de emotivas promesas de amistad eterna, y me sentaba en el sofá a esperar impaciente a mis padres, que preparaban las maletas. Ya de noche, cuando todo estaba listo, nos metíamos en el coche y partíamos a Torre del Mar, dejando atrás el centro de Málaga. Mi hermana y yo pasábamos todo el viaje inventando cancioncillas tontas y contemplando el costero paisaje que nos brindaba la carretera antigua. Por fin, tras una hora que siempre se me hacía interminable, aparcábamos el coche en el Paseo de Larios y subíamos las cosas al apartamento. Yo me dejaba embriagar por la brisa nocturna, esa brisa cálida que huele a arena húmeda y a fuego, esa brisa que es la caricia del mar. Por fin de vuelta, me decía. El mar siempre fue más mi hogar que la tierra. Tenía la sensación de que el verano no acabaría nunca; pero septiembre siempre llegaba y regresábamos a Málaga por la carretera antigua, y mi hermana y yo guardábamos silencio y contemplábamos la mar revuelta a través de una ventana salpicada de lluvia. Qué lento parece pasar el tiempo cuando eres niño; y un buen día te miras al espejo y tienes treinta años y un montón de canas y tienes que bajar a la playa a buscar tus recuerdos.
Frente al mar jugué con mi hermana hasta caer exhausto; frente al mar lloré de risa en compañía de mis mejores amigos. A orillas del Mediterráneo, una noche de San Juan, me besé apasionadamente con una mujercita que se me llevó la virginidad y a la que no volví a ver nunca. En un mar negro pintado de estrellas me bañé desnudo con aquella rubia belga a la que tanto quise; ella me abrazó y me susurró al oído un te quiero dulce y salado que me caló hasta lo más hondo. El mar también me ha visto llorar. Aquella tarde en que supe que había dejado de ser niño bajé a la playa, me senté en la orilla y me aferré con fuerza a la arena, pero la infancia se me escurrió por entre los dedos y me arrancó dos lágrimas amargas que se llevaron las olas. Cada vez que la vida me ha roto en pedazos he ido a esconderme al Puerto de La Caleta. Allí, en mi rincón del mundo, he pasado largas tardes viendo partir a los pesqueros con su estela dorada y su corte de gaviotas, buscando respuestas en el horizonte. El mar me ha enseñado que siempre viene la calma tras las tormentas de la vida; que siempre hay otro verano, otro atardecer, otro barco, otro amor. También recuerdo que una vez el mar, enfadado, estuvo a punto de matarme. Pero lo perdoné, porque al mar, como a todo lo que se ama profundamente, se le perdona todo.
Ahora vivo muy lejos y aquí casi siempre es septiembre. Ya no hay mar detrás de mi ventana salpicada de lluvia, y los atardeceres ya no huelen a hogueras lejanas. Soy feliz, pero hay veces en que el mar me duele, y el alma se me revuelve y se me ahoga como un pez fuera del agua. Entonces solo quiero volver, pero la vida aún no me deja. Quizás aún falten muchos años o quizás no suceda nunca. Por si acaso he dejado escrito que, cuando muera, quiero que me incineren y que arrojen mis cenizas al Puerto de la Caleta. Me gusta pensar que algún pesquero se llevará mi alma enredada en su estela dorada, y que las gaviotas me acompañarán mar adentro, a reencontrarme con mis pedazos rotos, con mis lágrimas, con esos amores a los que no volví a ver nunca, con todos esos compañeros que un día me juraron amistad eterna. Volveré entonces a ser niño y jugaré con mi hermana hasta caer exhausto, lloraré de risa con mis mejores amigos, y siempre será verano y ya no me dolerá el mar.
Alfredo de Hoces. http://www.alfredodehoces.com
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lunes, 18 de febrero de 2008
domingo, 17 de febrero de 2008
La parábola de los talentos
Un hombre, antes de emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro sólo uno talento, a cada uno según su capacidad. Luego se marchó. El que había recibido los cinco talentos fue en seguida y negoció con ellas y ganó otros cinco talentos. Así mismo, el que recibió dos talentos ganó otros dos talentos. Pero el que había recibido uno talento fue, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Después de mucho tiempo volvió el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. El que había recibido los cinco talentos llegó con los otros cinco talentos. “Señor,” dijo, “usted me encargó cinco talentos. Mire, he ganado otros cinco talentos.” Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” Llegó también el que recibió dos talentos. “Señor,” informó, “usted me encargó dos talentos. Mire, he ganado otros dos talentos.” Su señor le respondió, “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” Después llegó el que había recibido sólo un talento. “Señor,” explicó, “yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido. Así que tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Mire, aquí tiene lo que es suyo.” Pero su señor le contestó: ¡Siervo malo y perezoso! ¿Así que sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido? Pues debías haber depositado mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo hubiera recibido con intereses. Quítenle los talentos y dénselos al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil échenlo afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.
Después de mucho tiempo volvió el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. El que había recibido los cinco talentos llegó con los otros cinco talentos. “Señor,” dijo, “usted me encargó cinco talentos. Mire, he ganado otros cinco talentos.” Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” Llegó también el que recibió dos talentos. “Señor,” informó, “usted me encargó dos talentos. Mire, he ganado otros dos talentos.” Su señor le respondió, “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” Después llegó el que había recibido sólo un talento. “Señor,” explicó, “yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido. Así que tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Mire, aquí tiene lo que es suyo.” Pero su señor le contestó: ¡Siervo malo y perezoso! ¿Así que sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido? Pues debías haber depositado mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo hubiera recibido con intereses. Quítenle los talentos y dénselos al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil échenlo afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.
jueves, 9 de agosto de 2007
Varios I
Ayer no me dio tiempo a escribir nada porque salimos a cenar al Frontier. Luego nos fuimos Jose Marcio (el colombiano) y yo a la habitación de los dorms de Paulina, y estuvimos hablando con ella hasta casi la 1. El resto de gente de la casa son gente estupenda, pero son todos muy tranquilos y no les gusta ni salir ni tomarse una cerveza, así que los que mejores migas hemos hecho hemos sido nosotros tres.
Como no ha pasado nada especialmente interesante como para dedicarle una entrada, voy a ir escribiendo las cosas curiosas que se me vayan viniendo a la cabeza:
Como no ha pasado nada especialmente interesante como para dedicarle una entrada, voy a ir escribiendo las cosas curiosas que se me vayan viniendo a la cabeza:
- Paulina dice que muchas de las veces que ha ido al baño en el gimnasio se ha encontrado con una americana vomitando. Parece que la bulimia es algo muy extendido aquí...
- ¡He acabado mi curso de inglés! No se puede aprender mucho en dos semanas de clases, pero ha estado bien. Sobre todo me ha servido la parte de hacer la presentación. Voy mejorando poco a poco y cada vez me pongo menos nervioso. Esta concretamente me salió bastante bien. Ya veremos que nota me ponen.
- Las chicas americanas van pintadas al gimnasio.
- La conexión a internet de los dorms está totalmente controlada y rastreada. Si intentas bajar algún mp3 o alguna película pueden expulsarte o ponerte una multa muy fuerte.
- Los teléfonos móviles son un timo. Te cobran por llamar, pero también por recibir llamadas. ¡Incluso te cobran por recibir mensajes!
- Todo el mundo tiene un Mac en América. Es muy común encontrarse a gente sentada en una terraza con el MacBook mientras toma un hamburguesa o una cocacola. Ahora mismo hay una oferta especial que comprándote un MacBook te regalan un IPod nano.
- Se utiliza mucho la bicicleta en el campus, pero no puedes tener una muy buena porque te la roban. Ya he visto algún cuadro sin ruedas, ni sillín, ni manillar, ni nada atado en un aparcamiento.
- A los americanos no les gusta conservar las cosas. Cuando quieren desprenderse de lo que ya no les sirve hacen una "Garage Sell", que es una especie de mercadillo con lo que les sobra. Puedes recorrerte con el coche las garage sells de la ciudad y conseguir cosas muy baratas.
- Aquí no se tiende la ropa. Utilizan secadoras para no perder tiempo. Yo aún no la he usado, pero me da miedo porque la ropa encoge.
- Las americanas salen a la calle y van a clase en pijama. Sí, es cierto. Me lo han dicho varias personas ya, aunque todavía no lo he visto. Prometo subir alguna foto en cuanto lo vea.
- La gente aquí es muy cuadriculada. Siguen las leyes escrupulosamente y no se salen de ellas por nada del mundo.
- En Colombia se utiliza mucho la palabra "vaina". Jose la usa al menos en una de cada tres frases. Ejemplos:
- "Acabo de ir a hablar con mi advisor para hacer la matrícula y esa vaina."
- "Me compré una vaina para la habitación en el supermercado."
- Me he apuntado a una pequeña excursión por la ciudad que ha organizado la oficina de estudiantes internacionales.
- En cada planta de los dorms hay un estudiante que es el advisor, algo así como el jefe de planta. Tiene que encargarse de solucionar los problemas entre estudiantes, organizar actividades y ese tipo de cosas. A cambio, le dan la mejor habitación gratis, la comida gratis y $300 dólares al mes.
- A pesar de que las casas aquí están totalmente desportegidas, no hay muchos robos. Si alguien denuncia un robo instaneamente se monta un dispositivo policial increible y no descansan hasta cogerle.
domingo, 5 de agosto de 2007
Descanso
Hoy también es domingo, día de descanso, en Estados Unidos y por eso me tomo el día libre. Mañana una nueva historia americana :P
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