Ayer llegué a Honolulu. El viaje estuvo bien, aunque me mosqueó que los de US Airways no me diesen de comer en el avión a pesar de ser un viaje de casi 7 horas. Si querías comer, a pagar $7 por una mierda de sandwich artificial o una ensalada de plástico. Así que llegué con más hambre que el que se perdió en la isla. ¡Por lo menos no me perdieron las maletas!
Lo primero que llama la atención son los Hawaiinos. Son muy parecidos a los asiáticos, pero como más oscuros. Sin embargo, la mezcla entre americano y hawaiiano da lugar a mujeres rubias, de ojos ligeramente rasgados y muy bellas. Como en las películas.
Lo segundo que se nota al salir a la calle es el clima. Hawaii tiene un clima tropical, y en estas fechas es el final de la estación lluviosa. La temperatura es muy agradable y todo el mundo va en camiseta, pero el ambiente se nota bastante húmedo.
Me vino a recoger Koa con un amigo suyo llamado Kevin en un coche que habían comprado por $50. Hacía un ruido horrible, pero se movía. Lo primero que hicimos fue comprar unas cervezas de bienvenida. Fuimos a una tienda suburvial de chinos en la que cogían packs de 24 cervezas, los partían en grupos de 6, les ponían cinta aislante para que las botellan no se cayesen y ponían que estaban en oferta. Que cracks, si es que se buscan la vida de cualquier manera!
Decir que Honolulu no es una playa con cuatro cabañas de madera, sino un pedazo de ciudad con casi un millón de habitantes y edificios de 30 pisos. Hay que coger la autovía para moverse de una zona a otra. El mar está en la parte externa de la isla (obvio), y en la parte del centro hay varias montañas y creo que un volcán que ya está dormido.
La casa de Kevin era bastante grande, y vivían en ella 5 personas. Al parecer la vivienda es muy cara aquí, $2700 dolares de alquiler por esa casa concretamente. Habían venido un chico y una chica de New Mexico también, y estaban allí. Conocí a Pablo, uno de los compañeros de piso de Koa, y estuvimos todos charlando un rato mientras disfrutábamos de las cervezas fresquitas.
A eso de las 23:30 nos fuimos para casa, no sin antes parar a comer algo porque me estaba muriendo de hambre. Koa, Pierre y Pablo viven en el 7º piso de un bloque a apartamentos. El sitio no está mal, con buena iluminación y bastante amplio. A mi me toca dormir en el sofá. Mañana iremos a la playa de Waikiki por la tarde (aquí no tienen vacaciones todavía, y trabajan por la mañana).
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lunes, 17 de marzo de 2008
domingo, 12 de agosto de 2007
Excursión por Albuquerque
Perdonad todos por abandonar el blog durante unos días, pero no se por qué siempre se me hacía tarde y ya no tenía tiempo para escribir. El martes me mudo y imagino que a partir de ahí habrá mucho más que contar y sobre temas más interesantes. Mientras tanto, os hablaré de lo que he hecho estos últimos días. Hoy toca la excursión por la ciudad.
El sábado por la mañana estuve en un tour por Albuquerque. Lo organizaba la oficina para estudiantes internacionales de la universidad, y valía solo $5. Nos habíamos apuntado practicamente todos los de la casa, y de camino además nos juntamos con otros dos españoles que habían llegado el día anterior desde Madrid: Jonathan y Lisa. También se había apuntado algunas chinas con las que había estado en el curso de inglés (en el que por cierto he sacado un 90 sobre 100 ;)).
Antes de subir al autobús nos dieron un mapa con los lugares que íbamos a visitar. Sólo íbamos a hacer dos paradas, una en un supermercado internacional y otra en Old Town, la parte antigua de la ciudad. El resto las veríamos desde dentro.
La primera parada fue en en super, Ta Lin. Los pasillos tenían nombres de paises, y en cada uno estaban los productos típicos de allí. El de España era un poco irreal. Lo único en condiciones que tenían era pimentón de La Vera. El resto eran botellas de aceite de oliva importadas de otras partes de Estados Unidos, un kilo de arroz en una funda muy bonita que valía $10 y cosas así. No compré nada, pero Fernanda la brasileña compró unas bolsitas para hacer "pan de queso", que al parecer es muy típico de allí. Los chinos también compraron cosas chinas de sus paises.
Las siguiente parada fue en Old Town. No se que estarían celebrando, pero estaban de fiesta. Había varios tenderetes donde te daban a probar nachos con distintas salsas, gente bailando y payasos para los niños. La zona en cuestión era muy pequeña, y de antiguo no tenía mucho. Debe ser la zona más turística de la ciudad, porque había varias tiendas de recuerdos y postales. Aquí van algunas fotos que hice:
Payasos americanos
Gente en los puestos de nachos
De izquierda a derecha: José Marcio (Colombia), Fernanda (Brasil), Ricardo (Costa Rica), Lydie (Francia)
Competición de salsas picantes
Bailes populares
Nombre curioso para una calle =)
Pues eso, Patio Market
En el pozo que hay dentro de Patio Market.
Jose, Lisa, Ángel, Jonathan
Había muchas orugas como esta en la zona. El capullo se parece a una hoja seca.
Dinero, dinero! Jose, yo, Jonathan
El correcaminos, el pájaro típico del estado. Tiene un aire al de los dibujos, ¿verdad?
El sábado por la mañana estuve en un tour por Albuquerque. Lo organizaba la oficina para estudiantes internacionales de la universidad, y valía solo $5. Nos habíamos apuntado practicamente todos los de la casa, y de camino además nos juntamos con otros dos españoles que habían llegado el día anterior desde Madrid: Jonathan y Lisa. También se había apuntado algunas chinas con las que había estado en el curso de inglés (en el que por cierto he sacado un 90 sobre 100 ;)).
Antes de subir al autobús nos dieron un mapa con los lugares que íbamos a visitar. Sólo íbamos a hacer dos paradas, una en un supermercado internacional y otra en Old Town, la parte antigua de la ciudad. El resto las veríamos desde dentro.
La primera parada fue en en super, Ta Lin. Los pasillos tenían nombres de paises, y en cada uno estaban los productos típicos de allí. El de España era un poco irreal. Lo único en condiciones que tenían era pimentón de La Vera. El resto eran botellas de aceite de oliva importadas de otras partes de Estados Unidos, un kilo de arroz en una funda muy bonita que valía $10 y cosas así. No compré nada, pero Fernanda la brasileña compró unas bolsitas para hacer "pan de queso", que al parecer es muy típico de allí. Los chinos también compraron cosas chinas de sus paises.
Las siguiente parada fue en Old Town. No se que estarían celebrando, pero estaban de fiesta. Había varios tenderetes donde te daban a probar nachos con distintas salsas, gente bailando y payasos para los niños. La zona en cuestión era muy pequeña, y de antiguo no tenía mucho. Debe ser la zona más turística de la ciudad, porque había varias tiendas de recuerdos y postales. Aquí van algunas fotos que hice:
Gente en los puestos de nachosJose, Lisa, Ángel, Jonathan
Por esa zona también se encuentran los museos. Hay uno que es el museo atómico que me gustaría visitarlo. Al parecer, cerca de Albuquerque se encuentra Los Alamos, que fue un importante laboratorio de investigación nuclear. Si alguna vez voy lo comentaré por aquí.
Y eso fue todo. Después de Old Town dimos un pequeño paseo por Downtown y regresamos a casa. Al poco tiempo me llamó Julio el mexicano para ver si quería ir a una barbacoa que iba a hacer su amigo Dustin en su casa. Logicamente le dije que sí, pero de eso ya escribiré mañana.
Y eso fue todo. Después de Old Town dimos un pequeño paseo por Downtown y regresamos a casa. Al poco tiempo me llamó Julio el mexicano para ver si quería ir a una barbacoa que iba a hacer su amigo Dustin en su casa. Logicamente le dije que sí, pero de eso ya escribiré mañana.
domingo, 29 de julio de 2007
Todo tiene solución
Me levanto a las 11 de la mañana. Dan un café gratis de 6 a 10, pero prefiero quedarme a descansar. Después de eso enciendo el ordenador a ver si hay noticias de la gente de la universidad. Nada. Intento buscar en Google Maps una alternativa, ya que mañana empieza el curso de inglés y el motel está en medio de una carretera enorme aparado de la ciudad, pero no encuentro ninguna solución que me convenza. Desesperado, voy a recepción a ver si el señor me puede echar un mano.
Hace unas llamadas para ver si hay algún hotel u hostal cerca de donde va a ser el curso pero no encuentra nada. Y justo en ese momento suena el móvil. Es Fernando Maremsa, la persona encargada de los estudiantes internacionales y quién debía haberme recogido el día anterior. Se disculpa, dice que pensaba que llegaba hoy en vez de ayer y que esta mañana se ha dado cuenta del error y me ha llamado en cuanto ha leido mi e-mail. Dice que en media hora viene a recogerme al motel. Lo justo para darme una duchita y relajarme un rato.
Por fin llega Fernando. Es un señor cubano bastante mayor pero muy simpático. Lleva calzonas, deportivas y los calcetines subidos. Me monto en su todoterreno y me lleva a la famosa casa internacional. Se trata de una casa suya y de un amigo que alquilan por habitaciones a estudiantes internacionales. Me alojaré con una chica de Honduras muy simpática que se llama Berelice, otra chica francesa que llega esta tarde, y con un paraguayo y un thailandés que aún no han llegado. Tengo una habitación para mi sólo, con tele y algunos muebles. El sitio tiene buena pinta. Está dentro del campus y cerca de donde daré el curso, así que creo que estaré agusto estas dos semanas.
Una vez instalado Fernando me lleva a comer algo porque me estoy muriendo de hambre. Vamos a un restaurante típico de aquí con comida de Nuevo Mexico y mi acompañante cubano me pide un desayuno con huevo frito, bacon, patatas, un zumo, un café y un pancake. La comida está muy rica. Al parecer aquí con todo te ponen chile, que es una salsa mexicana que pica que da gusto. Le eché un poco a las patatas para probarla y está buena, pero es cierto que es bastante fuerte. El pancake es como una tortita dulce muy rica. Se puede tomar con mantequilla y mermelada, con miel o como te de la gana.

Después vamos en coche a comprar unas bombillas y una hamburguesa para un electricista que está arreglando algunas luces de la casa. Por el camino me voy fijando en el entorno y me sorprende lo diferente que es América y España. Para empezar en América todo el mundo tienen un todo terreno o una furgoneta. Aquí sólo se ven coches grandes. También me llama mucho la atención que los edificios son todos bajitos y muy separados unos de otros, lo que le hace que parezca que siempre te encuentras a las afueras de la ciudad. Dice Fernando que en América hay mucho terreno para construir y por eso se hacen las cosas de esta manera. Por fin llegamos a la mega-ferretería y compramos las bombillas. En Estados Unidos TODO es grande, es increible.
A la vuelta paramos en una gasolinera. Es de autoservicio, como en España, pero aquí los surtidores tienen una ranura para meter la tarjeta de crédito para que no sea necesario tener a un empleado encargado de cobrar. ¿Por qué no hacen lo mismo en España?
Ahora mismo está lloviendo. El clima en Nuevo Mexico es como en el desierto: mucho calor durante el día y a la noche bajan bastante las temperaturas. Además, en invierno hace frío y nieva muy amenudo. Esta tarde seguramente vaya con la chica de Honduras y con Fernando a recoger a la francesa. Os mantendré informandos de las novedades.
Hace unas llamadas para ver si hay algún hotel u hostal cerca de donde va a ser el curso pero no encuentra nada. Y justo en ese momento suena el móvil. Es Fernando Maremsa, la persona encargada de los estudiantes internacionales y quién debía haberme recogido el día anterior. Se disculpa, dice que pensaba que llegaba hoy en vez de ayer y que esta mañana se ha dado cuenta del error y me ha llamado en cuanto ha leido mi e-mail. Dice que en media hora viene a recogerme al motel. Lo justo para darme una duchita y relajarme un rato.
Por fin llega Fernando. Es un señor cubano bastante mayor pero muy simpático. Lleva calzonas, deportivas y los calcetines subidos. Me monto en su todoterreno y me lleva a la famosa casa internacional. Se trata de una casa suya y de un amigo que alquilan por habitaciones a estudiantes internacionales. Me alojaré con una chica de Honduras muy simpática que se llama Berelice, otra chica francesa que llega esta tarde, y con un paraguayo y un thailandés que aún no han llegado. Tengo una habitación para mi sólo, con tele y algunos muebles. El sitio tiene buena pinta. Está dentro del campus y cerca de donde daré el curso, así que creo que estaré agusto estas dos semanas.
Una vez instalado Fernando me lleva a comer algo porque me estoy muriendo de hambre. Vamos a un restaurante típico de aquí con comida de Nuevo Mexico y mi acompañante cubano me pide un desayuno con huevo frito, bacon, patatas, un zumo, un café y un pancake. La comida está muy rica. Al parecer aquí con todo te ponen chile, que es una salsa mexicana que pica que da gusto. Le eché un poco a las patatas para probarla y está buena, pero es cierto que es bastante fuerte. El pancake es como una tortita dulce muy rica. Se puede tomar con mantequilla y mermelada, con miel o como te de la gana.
Después vamos en coche a comprar unas bombillas y una hamburguesa para un electricista que está arreglando algunas luces de la casa. Por el camino me voy fijando en el entorno y me sorprende lo diferente que es América y España. Para empezar en América todo el mundo tienen un todo terreno o una furgoneta. Aquí sólo se ven coches grandes. También me llama mucho la atención que los edificios son todos bajitos y muy separados unos de otros, lo que le hace que parezca que siempre te encuentras a las afueras de la ciudad. Dice Fernando que en América hay mucho terreno para construir y por eso se hacen las cosas de esta manera. Por fin llegamos a la mega-ferretería y compramos las bombillas. En Estados Unidos TODO es grande, es increible.
A la vuelta paramos en una gasolinera. Es de autoservicio, como en España, pero aquí los surtidores tienen una ranura para meter la tarjeta de crédito para que no sea necesario tener a un empleado encargado de cobrar. ¿Por qué no hacen lo mismo en España?
Ahora mismo está lloviendo. El clima en Nuevo Mexico es como en el desierto: mucho calor durante el día y a la noche bajan bastante las temperaturas. Además, en invierno hace frío y nieva muy amenudo. Esta tarde seguramente vaya con la chica de Honduras y con Fernando a recoger a la francesa. Os mantendré informandos de las novedades.
Lisboa - Nework - Albuquerque
Hoy a las 5:15 de la mañana comienza todo. Me levento muerto de sueño, me doy una ducha y salgo con mis padres y mis dos hermanos en coche hacia Lisboa, donde tengo que coger el avión a las 12:15 de la mañana. Llegamos con tiempo de sobra, y sin mayores problemas y después de despedirme de mi familia me subo al avión.
El vuelo sale puntual y el avión es más amplio que otros en los que había estado antes. Además, tiene unas televisiones pequñitas para cada 9 asientos donde van poniendo películas, y te dan una manta y una pequeña almohada para apoyar la cabeza. El viaje dura 7 horas y media, pero se me hace bastante corto ya que la mayor parte del tiempo lo paso dormido. Cuando quedan apenas media hora para aterrizar reparten a los pasajeros unos papeles que hay que rellenar para temas de inmigración, en los que te preguntan más cosas absurdas como si traes algo escondido con intención de venderlo en Estados Unidos.
Al llegar a Nework (un aeropuerto del estado de New Jersey) me sorprende que la gente salga corriendo del avión. La razón de esto la descubro cinco minutos después: todos los extranjeros tienen que pasar una entrevista antes de poder pisar tierras yankis. Trás una hora de cola me llega el turno a mí. Un mero trámite: qué vas a hacer en Estados Unidos, donde te vas a alojar y revisarte los papeles.
Después de esto tuve que coger las maletas y registrarlas de nuevo para el nuevo avión. Mientras esperaba dos horitas más de cola conozco a un chico y una chica españoles que iban a estudiar a Monte Rey (México) con una beca similar a la mía. Habían perdido el vuelvo porque el anterior se había retrasado, y les tuvieron que buscar uno nuevo para el día siguiente y un hotel para pasar la noche. Nos damos los e-mails por si acaso algún día decidimos hacernos una visita.
Tanto esperar me había dado hambre. Allí eran las 7 de la tarde, pero en España serían las 12 o la 1, así que decido comer en mi primer restaurante de comida rápida tras mi llegada a América. Como McDonald es muy típico, me decido por un restaurante cuyo nombre no conozco y en el que serven perritos y unas hamburguesas como una pinta menos artifical que las de la M y el payaso. Me pido un menú de "Super Cheese Burger" con bebida y patatas grandes que me supo igual que en cualquier sitio de este tipo, y después de comérmelo y comprarme el último libro de Harry Potter voy a la puerta de embarque.

Aquí es donde se empiezan a torcer las cosas. La puerta de embarque está vacía, a pesar de que el nombre y el número del vuelo son correctos. Me quedo esperando hasta que aparece una chica italiana que se encontraba en la misma situación que yo y me dice que ha habido un error y realmente es la puerta C87 y no la C97, y que además el vuelo viene con retraso. Una hora después y con treinta minutos de retraso sobre el horario previsto estoy montado en el avión.
Esta vez el viaje es nocturno. Me duermo la mayor parte del trayecto, con la extraña sensación de que hemos parado bastante tiempo a mitad de trayecto como en un desierto (seguramente paranoias mías por el cansancio). Poco antes de llegar una mujer se cae al suelo y se queda inconsciente sin ningún motivo, pero la reaniman y la cosa no va a mayores. Por fin, tras pasar una zona de tormenta (se veían los rayos desde la ventanilla), aterrizamos en Albuquerque.
Obviamente, la persona de la universidad que tenía que ir a recogerme no aparece. Son las típicas cosas que me ocurren, así que me lo tomo con humor. Después de esperar una hora y preguntar a un policía que donde pueden estar esperándome, se acerca un taxista. Le cuento la historia y se ofrece a ayudarme a buscar la "Casa Internacional", un lugar dentro del campus donde se supone que tengo una habitación reservada en la que me quedaré hasta que abran la residencia.
El taxista es auténtico: todo vestido de color vaquero, con sus botas, un bigote, una coletilla detrás y una gorra de cuero de Harley Davidson. Vamos a hasta el campus, preguntamos a la policía de allí y tras hacer unas llamadas nos dice que sabe donde es el sitio. Por supuesto, vamos para allá y no lo encontramos, así que el taxista me aconseja que me queda en un motel a una milla de la universidad.
El taxi me cuesta 40 dólares (carísimo para el tiempo que lo usé) y le doy 5 dolares al señor de propina, ya que es costumbre aquí. El motel no es caro, 39$ la noche, pero me suman un suplemento de 6$ por entrar de noche. Es como en las películas, el típico motel americano que sale por ejemplo en Pulp Ficition. La habitación es amplia, tiene teléfono local gratuito, baño individual, una tele muy grande, dos camas y aire acondicionado.

Hablo por teléfono con mis padres para contarles la situación y me conecto a Internet para escribir un mail a la gente de la universidad dándoles mi número de móvil y de habitación y pidiéndoles que se pongan en contacto conmigo lo antes posible para solucionar todo el tema. Después visito rapidamente las webs de los periódicos españoles y escribo estas líneas, ya que mañana me acordaré peor.
Y dicho todo esto me voy a la cama, que estoy muy muy cansado. Ha sido un día duro con tanto viaje y tantas complicaciones. Además mi cuerpo está un poco perdido con la diferencia horaria. Espero que mañana sea un día algo mejor y consiga solucionar todo esto. Pase lo que pase lo escribiré por aquí.
El vuelo sale puntual y el avión es más amplio que otros en los que había estado antes. Además, tiene unas televisiones pequñitas para cada 9 asientos donde van poniendo películas, y te dan una manta y una pequeña almohada para apoyar la cabeza. El viaje dura 7 horas y media, pero se me hace bastante corto ya que la mayor parte del tiempo lo paso dormido. Cuando quedan apenas media hora para aterrizar reparten a los pasajeros unos papeles que hay que rellenar para temas de inmigración, en los que te preguntan más cosas absurdas como si traes algo escondido con intención de venderlo en Estados Unidos.
Al llegar a Nework (un aeropuerto del estado de New Jersey) me sorprende que la gente salga corriendo del avión. La razón de esto la descubro cinco minutos después: todos los extranjeros tienen que pasar una entrevista antes de poder pisar tierras yankis. Trás una hora de cola me llega el turno a mí. Un mero trámite: qué vas a hacer en Estados Unidos, donde te vas a alojar y revisarte los papeles.
Después de esto tuve que coger las maletas y registrarlas de nuevo para el nuevo avión. Mientras esperaba dos horitas más de cola conozco a un chico y una chica españoles que iban a estudiar a Monte Rey (México) con una beca similar a la mía. Habían perdido el vuelvo porque el anterior se había retrasado, y les tuvieron que buscar uno nuevo para el día siguiente y un hotel para pasar la noche. Nos damos los e-mails por si acaso algún día decidimos hacernos una visita.
Tanto esperar me había dado hambre. Allí eran las 7 de la tarde, pero en España serían las 12 o la 1, así que decido comer en mi primer restaurante de comida rápida tras mi llegada a América. Como McDonald es muy típico, me decido por un restaurante cuyo nombre no conozco y en el que serven perritos y unas hamburguesas como una pinta menos artifical que las de la M y el payaso. Me pido un menú de "Super Cheese Burger" con bebida y patatas grandes que me supo igual que en cualquier sitio de este tipo, y después de comérmelo y comprarme el último libro de Harry Potter voy a la puerta de embarque.
Aquí es donde se empiezan a torcer las cosas. La puerta de embarque está vacía, a pesar de que el nombre y el número del vuelo son correctos. Me quedo esperando hasta que aparece una chica italiana que se encontraba en la misma situación que yo y me dice que ha habido un error y realmente es la puerta C87 y no la C97, y que además el vuelo viene con retraso. Una hora después y con treinta minutos de retraso sobre el horario previsto estoy montado en el avión.
Esta vez el viaje es nocturno. Me duermo la mayor parte del trayecto, con la extraña sensación de que hemos parado bastante tiempo a mitad de trayecto como en un desierto (seguramente paranoias mías por el cansancio). Poco antes de llegar una mujer se cae al suelo y se queda inconsciente sin ningún motivo, pero la reaniman y la cosa no va a mayores. Por fin, tras pasar una zona de tormenta (se veían los rayos desde la ventanilla), aterrizamos en Albuquerque.
Obviamente, la persona de la universidad que tenía que ir a recogerme no aparece. Son las típicas cosas que me ocurren, así que me lo tomo con humor. Después de esperar una hora y preguntar a un policía que donde pueden estar esperándome, se acerca un taxista. Le cuento la historia y se ofrece a ayudarme a buscar la "Casa Internacional", un lugar dentro del campus donde se supone que tengo una habitación reservada en la que me quedaré hasta que abran la residencia.
El taxista es auténtico: todo vestido de color vaquero, con sus botas, un bigote, una coletilla detrás y una gorra de cuero de Harley Davidson. Vamos a hasta el campus, preguntamos a la policía de allí y tras hacer unas llamadas nos dice que sabe donde es el sitio. Por supuesto, vamos para allá y no lo encontramos, así que el taxista me aconseja que me queda en un motel a una milla de la universidad.
El taxi me cuesta 40 dólares (carísimo para el tiempo que lo usé) y le doy 5 dolares al señor de propina, ya que es costumbre aquí. El motel no es caro, 39$ la noche, pero me suman un suplemento de 6$ por entrar de noche. Es como en las películas, el típico motel americano que sale por ejemplo en Pulp Ficition. La habitación es amplia, tiene teléfono local gratuito, baño individual, una tele muy grande, dos camas y aire acondicionado.
Hablo por teléfono con mis padres para contarles la situación y me conecto a Internet para escribir un mail a la gente de la universidad dándoles mi número de móvil y de habitación y pidiéndoles que se pongan en contacto conmigo lo antes posible para solucionar todo el tema. Después visito rapidamente las webs de los periódicos españoles y escribo estas líneas, ya que mañana me acordaré peor.
Y dicho todo esto me voy a la cama, que estoy muy muy cansado. Ha sido un día duro con tanto viaje y tantas complicaciones. Además mi cuerpo está un poco perdido con la diferencia horaria. Espero que mañana sea un día algo mejor y consiga solucionar todo esto. Pase lo que pase lo escribiré por aquí.
viernes, 27 de julio de 2007
Preparativos
Mañana a las 12:15 cogeré en Lisboa el avión que me llevará a Nuevo México. Hoy es día de preparativos: ropa, maletas, prisas... y de despedidas: más de 10 meses sin ver a gente muy importante para mi.
De aquí en adelante intentaré escribir en este blog todas mis impresiones sobre mi estancia en Estados Unidos, la universidad y la gente.
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